viernes, 6 de enero de 2012

Cuando llovia




Me ofreciste de tus manos las caricias,
en un día que llovia a cantarillos;
en tu cara salieron ciertos brillos
y en tus ojos del rimel sus malicias.

Un tacon se rompio de tu zapato,
y tu pie en un charco lo metiste;
un gran taco en tus labios lo pusiste
cuando ibas nadando como un pato.

Yo miraba admiradote el estilo
que empleabas nadando por las aguas;
y por cierto, que perdiste tus enaguas.

Admiraba la belleza de lo visto
por el charco y buscado tu paraguas,
me decias:
¡ No te acerques, que ardo como fraguas !

Emilio Medina M.




miércoles, 4 de enero de 2012

ASOMA LÁNGUIDO

El poema que asoma como figura lánguida
por la puerta trasera del hospital dormido
es éste que tengo haciéndome cosquillas
en el dolor más hondo y en el miedo más clásico.

Pero, a pesar de todo, no esconderé mis huesos
ni lavaré mi ropa para ocultar la sangre.
Que mi crimen se sepa y se sepa mi angustia 
y que por ser humano soy también inhumano.

No voy a deshojarme como una margarita 
ni a pedir que me saquen del agua en que me ahogo,
Sólo diré los versos que no puedo callarme
aunque vengan difusos, lánguidos, caóticos.

A veces las palabras son cuchillos feroces,
otras veces son alas de aves extraviadas
y algunas veces llegan surfeándole a las olas
de un mar de sentimientos que están enloquecidos.

El poema agoniza ahora entre mis manos
aunándose al silencio del hospital dormido
mientras sigo sirviéndome una copa de nada
para brindar por todo lo que acabo olvidando.


Jorge Luis Estrella

Fingiendo


Llegó de algún lugar fingiendo que no llegaba;
por eso no se dieron cuenta de que había llegado.
Se sentó en algún sitio fingiendo que no se sentaba;
por eso no se dieron cuenta de que se había sentado.
Los estudió fingiendo que no los estudiaba;
por eso no se dieron cuenta de que los estudiaba.
Los sedujo fingiendo que no los seducía;
por eso no se dieron cuenta de que los había seducido.
Les ordenó matar fingiendo que les ordenaba defenderse;
por eso no se dieron cuenta de que estaban matando.
Los mandó a morir fingiendo que los mandaba a vivir;
por eso no se dieron cuenta de que estaban muriendo.
Se fue a algún lugar fingiendo que no se iba;
pero ellos ya no estaban para darse cuenta de que fingía.

Jorge Luis Estrella

miércoles, 5 de octubre de 2011

ENSALADA


Tengo una ensalada de gestos y derrumbes
comiéndome la boca
y busco detrás mío la luna, los enceres,
los pechos de mi amada y el diluvio que espero.
No sé si es el gobierno, la oposición o todo
pero estoy como un loco al que no lo medican
y se me va la hora tropezando ansiedades
y se me va la vida disfrazada de muerte.
Creía estar seguro de algo el otro día
pero una lechuza con sus alas sin ruído
me robó ese pedazo de certeza inaudita
y hoy ando peor que nunca
mordiéndome el anzuelo.
Esperen, no se vayan que me quedan un aplauso,
un insulto, una rosa y un te de manzanilla,
algunos caramelos de esperanza
y un boleto de tren para ver un partido
entre los monos verdes y los patos violetas.

Jorge Luis Estrella

sábado, 2 de julio de 2011

HOY Y AYER

Hoy estoy abierto al público.
Ayer estuve cerrado por duelo.

Hoy canta mi canario.
Ayer sufrió de afonía.

Hoy hay ceniza volcánica.
Ayer también hubo.

Hoy te amo como ayer.
Ayer no sabía cuánto te amaba.

Hoy tengo puestos los ojos para reír.
Ayer tuve puestos los ojos para llorar.

Hoy voy hacia mañana.
Ayer no creía en el tiempo.

Jorge Luis Estrella

domingo, 10 de abril de 2011

Llovía en la carnicería





Llovía en la carnicería
y las medias reses corrían el riesgo
de pescarse una pulmonía.
El carnicero trajo un paraguas
insuficiente
y se reía con un pariente por un chiste
que le había contado un cliente.
Sufría la esposa del carnicero
porque el cenicero se le moría
de tanto aspirar cenizas
y la risa de su marido y su pariente
le resultaban insoportables.
Un esguince de cornisa tenía la casa
y toda la lluvia se derramaba
sobre las medias reses,
el carnicero,
el pariente,
el chiste del cliente,
el cenicero
y la señora que veía
cómo se moría la tarde.

Jorge Luis Estrella

martes, 5 de abril de 2011

MEMORIA SANGRIENTA

(1976-2011)

Despedazado azul que tengo aquí
gritando entre los huesos.
Muerde mi presente el pasado
y soy apenas una partícula
de la memoria sangrienta
Sigo como un ciego sin perro ni bastón
llevándome por delante los que ya no están.
Ausencia que se aferra a mí
cual una primavera de torturas aullantes.
Busco en mis bolsillos el precio del olvido
pero no rescato más que tigres
mordiéndome el cerebro.

Jorge Luis Estrella