viernes, 26 de diciembre de 2008

La maldita gripe...





Bicho de gripe asqueroso
que recorres por los puertos
fastidiando muy latoso
y a alguno lo deja muerto.

•Visita urgente al doctor
para ver que medicina;
te mandara vitaminas
y pastillas pa el dolor.

•El galeno te remira
con interés demostrado,
mas es igual lo que mira
pues seguirás acostado.

•Con dolor grande de huesos
vas a padecer sudando,
las fiebres y los excesos
en siete días contando.

•Con medicinas son siete,
una semana sin ellas,
la gripe te da cachetes
aunque le pongas querellas.


EMILIO MEDINA MUÑOZ

domingo, 21 de diciembre de 2008

CONVIDAME A CENAR




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. Convídame a cenar que son las nueve,
as siete y el sol me levantaba,
después de jornada trabajosa,
mi estomago esta lleno por la nada.

· No quiero gran banquete por la noche,
pues se que no será la cena sana,
me sirves tres pares de perdices,
y así me quitare de mi desgana.

· No pongas ensalada de lechuga,
pues verde es la comida de animales,
prefiero a estos hermanos muy frititos,
comieron ya la hierba mucho antes.

· Con agua no hay motivo de disputa,
si la jarra esta vacía o medio llena,
pues solo bebo caldo de la frasca,
que sirve el tabernero en su taberna.

· Convídame a cenar que son las nueve,
te firmo que a las doce terminar,
de comerme las perdices con la carne,
y si no tengo mas caldo que mojar.

Emilio Medina.10/12/ 2003

domingo, 30 de noviembre de 2008

En tu reja

Como estoy muy contento
vengo a cantarte,
las canciones mas bellas
con mucho arte.
Si en la reja te veo
como maceta,
se me alegra la vista
con rosas frescas.
No he querido decirte
lo que veía,
pues seguro que pronto
te taparías.
¿Te has puesto roja
por lo contado?,
en amores me tienes
mas que morado.
Te he traído, mi niña,
estas violetas,
que te pido las pongas
en tus "macetas".
Un besito te pido,
mi boca ofrezco.
¡ acercaste ortigas,
maldito tiesto...!.


EMILIO MEDINA MUÑOZ

viernes, 21 de noviembre de 2008

EL MIRON

Con 100 poemas por banda
por la besana manchega
galopaba un buen poeta
buscando alguna bodega.

Como no pudo encontrar
más que queso y azafrán
cambio sus bellos versos
por sermón de capellán.

Asegurado el buen vino
que en la misas se bebía
con los ojillos risueños
el pilluelo se reía.
Y susurraba entre dientes:
¿dónde está la mora mía?


Encontró el poeta a la mora
chapuzándose en el río
así sufrió un desvarío
en su vena bebedora
y ahora liba de las fuentes
cristalinas y sonoras
aborreciendo el vinillo
de maitines y de nonas.

Qué pase pronto el dolor de muelas, don Emilio.
Buen poema.
Lena

miércoles, 19 de noviembre de 2008

VUÉLVASE VIENTO

Tome la leche
coma escabeche
gane una rifa
sea un califa
fume un habano
bese una mano.

Suba al carajo
péguese un tajo
escriba un cuento
vuélvase viento
lluvia y enjambre
río y estambre.

No sea nada
y de pasada
muérase todo
vuélvase lodo
tiempo marchito
sentencia grito.

Haga promesas
levante pesas
vaya a la luna
meza una cuna
rompa quinotos
maneje motos.

Pero comprenda
mastique aprenda
el mundo es suyo
-clavel o yuyo-
la vida espera
-pulga o pantera-

Jorge Luis Estrella

lunes, 20 de octubre de 2008

Se remueve el gallinero.

¡Pobre gallo, que corrió tras la gallina,
creyendo que sus plumas la engañaba;
loco por los campos la cantaba
y siendo su final, la escabechina! .

Maldita la gallina que por huevos,
ponía dos o tres en cada dia,
que deja al bello gallo en la porfía
cambiándose las plumas, traje nuevo.

Los cantos continúan con el alba,
quejidos amorosos, su gran duelo,
y ronco de su voz, la cresta malva.

La dueña de la granja, los atrapa;
los dos se ven muy juntos, es su cielo;
la mano agarrotada, aprieta el cuello.

EMILIO MEDINA MUÑOZ

viernes, 17 de octubre de 2008

EN UN BAR

Estaba yo en un bar
cuando entró un santiagueño arrastrando
su complejo de Edipo.
Buscaba a la madre tierra
la que hacía más de un siglo
que acababa de mudarse
al potrero de la otra cuadra.
Pensé en mi madre
y me clavé un diente del peine
que estaba usando como tenedor
de libros.
Una rubia se me sentó al lado
y, mirándome con lujuria,
me dijo que se estaban cayendo
las bolsas del mundo.
No sabiendo yo a qué bolsas se refería,
recordé que a mí se me había caído
una bolsa de cemento arriba del dedo gordo.
Grité
como si me estuviese pasando en ese instante.
La rubia se sobresaltó y se convirtió en morocha
y, como a mí me gustan las morochas,
la invité a bailar
pero ella me dijo que era huérfana
y, en lugar de bailar,
lloramos.
En eso, y por mera casualidad,
llegó un pañuelo recién planchado
que nos fue muy útil.
Yo no tenía nada de sueño
y pedí otro vaso de sólido
porque no me gustan los líquidos
y me quedé mirando un cuadro
de situaciones bastante complicadas.
Aún los cuervos no graznaban en occidente
cuando entró un policía
y, luego de saludar a todos,
me llevó a mi casa.
Allí, mi mujer,
me tomó las huellas dactilares,
me desnudó,
me encerró en una celda
y se llevó las llaves.

Jorge Luis Estrella