sábado, 12 de septiembre de 2009

JUZZUUM

JUZZUUM

Llegué a Juzzuum con los caireles rotos,
con la brújula oliendo a esquizofrenia,
con el freno de mano a contramano.
La ciudad estaba toda azul,
hasta la gente
que pasaba corriendo por la calle.
Entré a un bar
y una muchacha me atendió
corriendo
y me sirvió una bebida azul
con gusto a miel alcoholizada.
Tenía unos ojos grandes, vivarachos,
y la pasión torcida hacia el silencio.
Le pregunté si era feliz
y ella me dijo: "Soy azul,
no sé si eso contesta tu pregunta."
Después salí y me quedé mirando
las azules figuras que corrían
y quise irme de Juzzuum
aunque recién había llegado.
A la noche, en sueños,
soñaba que corría
y la muchacha de los ojos grandes
iba a mi lado repleta de ternura.
A la mañana,
pensé irme a Tutgar, la generosa,
a Ingaart, la de calles de tierra y crisantemos,
a Eucit, de mil Iglesias para adorar al Diablo,
a Quiufun, donde las mujeres no tienen pestañas,
a Lupwar, con guerreros feroces entrenándose.
Miré por la ventana,
silbé un tango
y decidí quedarme en Juzzuum.
Ahora soy azul
y, a las corridas,
acabo de terminar este poema.

Jorge Luis Estrella

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